miércoles, 6 de enero de 2010

Despierto

Lo mejor de escribir es cuando te levantas de la mesa. Los ángeles e infierno que te acompañan. La imaginación dispersa, girando y la luz que no se sujeta. Yo dejé de escribir, pero dentro de mí no podía dejar de hacerlo. No ha sido hasta hace seis años que he podido propiciar un reencuentro. Tenía que escribir hasta convertirlo en algo tan fácil como trazar una línea recta.

Apenas como, mis tripas tantas veces se han comido... No, señor, aquí no hay nada. Ningún pelo en su lugar.

Tú, así era, como una mariposa perseguida por un búfalo en celo.

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