sábado, 9 de enero de 2010

En Montán

Pasábamos el verano en un pueblo de Castellón. Era un pueblo muy pequeño, con empedrado en las calles, pregonero y lleno de gente mayor. Después de comer, cuando todos los padres dormían o dormitaban frente el televisor, los niños salíamos a las calles y era completamente nuestro

Nos juntábamos un grupo de niños. Yo, con mis doce años, era el mayor. Recuerdo que había una chica de mi edad, resuelta y a la que le entraba por el rabillo del ojo. Nosotros éramos muy jóvenes para manejarlo, y tratábamos de involuncrar al resto.

Un día jugamos a la guerra. Nos divimos en bandos. Ella en uno, con casi todos los niños; y yo en otro, con unos pocos. A lo largo de la siguiente hora nos dedicamos a descalabrarnos unos a otros. En un momento dado hicieron un prisionero de mi bando. Me llamaron a gritos por el bosque para que saliera. Yo me presenté, y me pidieron que me rindiera si no quería que fusilaran a su rehén. Sabía lo que estaba ocurriendo y me negé. Entonces la chica contó hacia atrás, esperando que la detuviera. Pero no lo hice, no podía creer seria su amenaza. Y al chico lo apedrearon sin piedad.

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