lunes, 22 de febrero de 2010

Aquello

Cuando mi madrasta me bañaba me contaba historias de terror. No tenía aún hijos y yo debía ser lo más parecido. Un día, cuando me quitaba el jabón, no paraba de mirarme, y me dijo: "¿Te estás meando en la ducha?".

jueves, 18 de febrero de 2010

Ese

Las últimas veces que lo veía se mostraba equivo y receloso. Mentía como un borracho. Pero la última vez nos encontramos yo había estado en casa de una amiga unos días antes mostrando mi mal humor, y él se puso a gritar en mitad del estanco: ¡Yo no me quejo de nada! ¡Yo no me quejo de nada!
Precisamente ese es su problema. Él no tiene un motivo para quejarse, está conforme.

lunes, 15 de febrero de 2010

La animadora

Estuve ingresado en un hospital. Me aburría. Daba vueltas, hablaba con los internos, seguía a las enfermeras. El jueves llegó una animadora y nos llevo a un patio. Sacó un juego de mesa y nos propuso participar. Se trataba de darnos unas pistas para descubrir una palabra. Empezó a leer las targetas y yo inmediatamente daba con la clave. La animadora estaba sorprendida, y el resto de pacientes dejaron de interarse. Pero la animadora continuó, estaba muy interesada en mí. Lo que no sabía es que yo el día antes había estado leyendo las targetas, por hacer algo.

sábado, 13 de febrero de 2010

Sueños 2

Vivía tan despreocupado que mis sueños eran maravillos, tan mágnificos como fuegos artificiales. Pero llego el invierno y me compré un calefactor, y esa noche lo puse al máximo para volver a tener pesadillas.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Sueño

Me despierto con las manos dormidas como dos pinzas de cangrejo. Sueño que corro por las escaleras con las manos en los bolsillos, que un anzuelo se clava en mi ojo. Desde pequeño he tenido horribles pesadillas. Me levantaba y no tenía voz para llamar a mis padres.

martes, 9 de febrero de 2010

El coche

Cuando era pequeño de mayor quería tener un Ford Sierra. No había visto un coche más bonito. Siempre había alguien que lo llevaba a las reuniones en el campo. No podía imaginar que de mayor ya no existiera.

domingo, 7 de febrero de 2010

La señora

La señora nunca ha tenido los dos pies en este mundo. Ha mentido a sus amigos aún ha costa de su propia familia. Su miseria se mide en ginebra.
En Navidad la vemos, y en media hora de cena se bebe una botella de cava. Pero lo terrorífico viene después. En vez de comportarse alegremente y despreocupada, de repente se vuelve seria y trata de mostrase cabal. Y es cuando sentimos un escalofrío en la espalda, porque comprendemos que estamos frente a una auténtica loca.

martes, 2 de febrero de 2010

El parque

El señor y la señora Alfa acaban de tener un hija. Se casaron hace dos años y son funcionarios. Voy a visitarles después de muchos años. Los pillo a punto de salir a pasear. Nos saludamos y me invitan a acompañarles. Camino del pueblo mi amigo cambia de emisora tres veces en el coche. Llegamos al parque y sacan el carrito, suben a la niña. Nos acercamos a los columpios. La niña mueve los brazos y el mundo es muy grande. Mi amigo me dice con mucha dignidad que su vida a cambiado. Me despido de ellos porque noto que les he estropeado el paseo.
Se supone que las personas se casan porque se sienten felices y quiere compartirlo con el mundo. Pero el matrimonio se ha convertido en un acto egoista.

La guerra

Una guerra de piedras es algo tremendo. Los dos grupos están separados por veinte metros, crees que lo controlas, que ves venir las piedras, pero cierto es que alguna logra escapar de tu vigilancia y te golpea con un gran "clong" y sientes como si tu cabeza estuviera vacía.

Luis y yo

Cuando era muy pequeño, mucho antes de las novias, pero cuando ya existían las mujeres de una forma encantadora y misteriosa, recuerdo que tenía un amigo con el que en los recreos que nos apartábamos al sol para hablar. Siempre hablábamos de las chicas de clase, y de ese futuro próximo, pero aún tan lejano como para hablar sin un verdadero conocimiento. Los dos estábamos de acuerdo en que estar con una mujer muy cerca tenía que ser muy especial. Y pensábamos que cuando fueramos mayores, aquello, nos daría vergüenza insinuarlo a nuestras mujeres. No podíamos ni imaginar lo cerca que llegan a estar dos personas.