jueves, 18 de febrero de 2010

Ese

Las últimas veces que lo veía se mostraba equivo y receloso. Mentía como un borracho. Pero la última vez nos encontramos yo había estado en casa de una amiga unos días antes mostrando mi mal humor, y él se puso a gritar en mitad del estanco: ¡Yo no me quejo de nada! ¡Yo no me quejo de nada!
Precisamente ese es su problema. Él no tiene un motivo para quejarse, está conforme.

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