domingo, 7 de marzo de 2010

Milo

Milo me elegió para que yo fuera su dueño. Tuvo una confianza absoluta en mí. Era una perra tan tranquila y despreocupada que dormía boca arriba. Siempre me lamía, durante horas, mientras yo la acariciaba. No tengo la sensación de que me pidiera nunca nada. Subía las escaleras como si estuviera saltando vallas. Me acompañaba mientras escribía, y debo confesar que me inspiró algunos poemas que hablaban sobre personas. Me pidió muy poco y ojalá le hubiera podido dar más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario