domingo, 7 de marzo de 2010

Pequeño

El pinpollo me recibió durante el verano en su casa. Hablábamos sobre nuestros amigos comunes y en qué no ocupaban el tiempo. Nos veíamos regularmente desde que él me vio en un bar y avanzó borracho desde el otro extremo. Yo disfrutaba con nuestros encuentros. Aunque éramos muy diferentes y sin una línea cruzada sobre el otro. Yo sabía que él lo había dejado con su novia y una tarde le pregunté si tenía una nueva. ¡No!, dijo en un tono alarmado y claramente excesivo. Unos días después requerí de su ayuda. Quedé con él el fin de semana y pasé por la mañana. Nadie me abrió la puerta y pensé que no estaba. Volví por la tarde y seguí sin encontrarle, comencé a estar mosqueado. Por la noche, al acercarme a su casa, escuché la música que salía por la ventana. Llamé confiado, pero no me abrió. Unos días después le vería paseando con su antigua novia y tuvo la vergüenza de saludarme. Por respeto a su novia me mordí la lengua, pero hice mal.

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