sábado, 3 de abril de 2010

Miño

El lugar más hermoso, según mis recuerdos, es la casa que tienen mis abuelos en el estuario de Miño. Pasábamos el verano cogiendo cangrejos desde la barca del señor Salorio, y no hay nada más sencillo. Remábamos en La Carolina por los meandros, hasta que los mosquitos nos obligaban a regresar. Hacíamos competiciones de salto en la arena. Y cuando mi prima nos visitaba, jugábamos a las tiendas. Podíamos remontar el río, tierra adentro, y nos llenábamos los bolsillos de moras para que nuestras madres nos prepararan un batido. Por la noche dormíamos juntos, en dos literas una al lado de la otra, y ni siquiera dormidos acababan los juegos. Éramos niños el dobles o triple de felices.

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