martes, 18 de mayo de 2010

El paseo

Yo seguía a los mayores. Íbamos por el campo cuando escuchamos unos ladridos y de repente fuimos conscientes de que no sabíamos dónde estábamos. Un perro salío corriendo de la nada y nosotros echamos a correr. Yo era el pequeño, con botas de agua, y no tardaron en dejarme atrás. Cada vez oía más cerca el perro. Podía sentir su aliento en mi espalda. Pero, cuando estaba a punto de alcancarme, le golpeé con el tacón de la bota y escuché un lamento. Me giré y lo vi parado. Lo justo para que me diera tiempo de ponerme a salvo.

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