miércoles, 11 de agosto de 2010

Isla verde

Llegué apurado a la parada de autobús, bajo un cielo ártico. Dos mujeres, con enormes gafas de sol, esperaban sentadas. La más joven dijo que le dolía la espalada del sol. Eran inglesas y era su primer verano en Valencia. "¿Vacaciones?", les pregunté. "No, hemos venido a visitar a mi novio", me dijo una. Buscaban las palabras en un diccionario de conversación, para decir una frase saltando de piedra en piedra; pero mi inglés era mejor de lo que recordaba, yo era el que disfrutaba y su acento me era tolerable.
Querían ver El Carmen, aunque les dije que ahora no lo encontrarían.
Hubo algo, en la joven, sensual y migratorio, que me reunió con ella en un asiento de atrás.

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