lunes, 30 de agosto de 2010

La pirámide

El problema con La pirámide.
Entro con una lista y me dirigo a un dependiente. Busca en el ordenador si tiene los títulos. No tienen ninguno de los que busco de poesía.
-Entonces mírame otro título -le digo.
-Este sí que lo tenemos.
Sigo al hombre hasta una esquina, empieza a remover y noto cómo se agita. Yo aprovecho para mirar los de bolsillo.
-No lo encuentro -me dice el hombre al fin-. Sólo tenemos esto de poesía.
Miro y no es más grande que una mesita de noche.
-Pero lo último que le he pedido no era de poesía -le digo, y me siento un poco culpable.

Entro por al mañana y veo una mujer que me atendió hace unas semanas, está ordenando unos libros.
-Hola -le digo-. Sigo buscando "Tres tristes tigres".
-Yo no te puedo atender -dice.
Llama a una compañera.
-¿Qué es lo que busca? -me pregunta ésta.
-"Tres tristes tigres".
-¿Es un libro infantil?
-No, aún no.
Nos acercamos al ordenador y teclea. Me pongo a su lado.
-Hay una edición en Cátedra -le digo-. Estoy interesado en esa.
-Sí, tenemos un libro -me dice.
La sigo hasta el estante.
-Es un libro de quinietas páginas -le digo-. Por si le es más fácil de buscar.
La mujer busca en la libreta cúal puede ser su número.Pero yo he mirado por el estante.
-Es este -le digo-. Está aquí.
-Qué rápido -me dice-. Deberías trabajar aquí todas la mañanas.

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