miércoles, 30 de marzo de 2011

El madrugador

El conductor me despierta. Debe de pensar que soy drogadicto, no lo hace con mucho cariño.
-¿Dónde estoy?
-Al final de la línea.
No hay nadie en el autobús. Estoy desorientado en una calle que no conozco.
-Tiene que bajarse.
Entro en una cafetería y pido algo para comer. Aprecio un carácter distinto en las gentes. Más cordial y despreocupado, formando parte de algo. Acabo y salgo a buscar la parada de autobús. Llega en unos minutos. Me faltan unas monedas.
-No importa, pasa –dice el conductor.
-Me he quedado dormido –digo, sin darme cuenta que es el mismo hombre de antes.

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