lunes, 27 de junio de 2011

Mi escena preferida

John Cassavetes creía en el amor. Lo creía como una bola de fuego imparable y que muy pocos podían domarla. Sus personajes lo hacían. Eran más vivos, reales y descarnados de lo que hasta entonces conocíamos. Frecuentemente en el límite, adquiriendo sentido. Se puede vivir una vida, amar, y no parecerse en absoluto.
En 1996 el hijo de John rescató un guión que su padre no pudo rodar. Se llamaba “Una mujer entre dos hombres”. La protagonizaron Sean Peen y Robin Wright, que se habían conocido un año antes en el rodaje de “El clan de los irlandeses”, y en la que los ojos les brillaban en las escenas que compartieron juntos.
Mi escena preferida transcurre en la primera parte de “Una mujer...” Robin ha sufrido una agresión mientras Sean pasaba unos días fuera. Pero teme decirle el nombre del culpable porque quiere evitar su reacción. Han salido a divertirse con unos amigos. No recuerdo por qué o cómo se separan, pero Sean y Robin acaban ante la taquilla de una sala de baile. Sean quiere que Robin se sienta bien. Han olvidado el dinero, pero Sean habla con la cajera y le hace saber la necesidad que tienen de entrar. Promete volver y pagar las entradas. Consigue de ella, además, para que puedan tomar unas copas. El interior de la sala está prácticamente vacía, oscura, Sean y Robin bailan y éste es el punto de la historia. No intentan lucirse, bailan el uno con el otro, el uno para el otro. Solos, más pasionales que un tango. Son dos personas enamoradas. Nada podría separarles. Es una escena íntima, te refleja y proyecta.

sábado, 25 de junio de 2011

Nueva crítica

He recibido una crítica exhaustiva y demoledora. Insiste en descripciones y desaprueba el abuso de diálogos. Parece que a nadie le gusta mi sentido práctico. Me piden información que no estoy dispuesto a mostrar.
Ciertas observaciones tienen razón, otras son absurdas. Ni siquiera me paré a pensar que existiera un hotel con el mismo nombre o que no comprendan que me invento el nombre de las calles.
Todos me aconsejan que escriba una novela de quinientas páginas, respete las tradiciones y prometen ser amables y escucharme.
Mientras tanto, sigo sin noticias de la editora a la que gustó mi fuerza. Si me llama, me iré con ella. Quiero desprenderme de este material y centrarme en las novelas juveniles.

Mi padre

Llevaba el suficiente tiempo andando por Valencia para no saber dónde me encontraba. Cuando, de pronto, reconocí la calle. Volví unos pasos atrás y miré en los buzones. Estaba su nombre. Llamé al timbre.
-¿Quién es? -preguntó Rosa.
-Soy Nacho -dije-. ¿Está mi padre?
Tardó unos instantes en responder.
-Ha salido a comprar.
-¿Puedo esperarle?
Me hizo esperar. La puerta se abrió con un zumbido.

Rosa me recibió en bata. Me invitó a pasar, fuimos a la cocina, en donde limpiaba una asistenta. Nos sentamos en la mesa y hablamos. Mi padre apareció un rato después. Se quedó en puerta mirándome.
-No te hubiera reconocido -dijo-. Si no fuera por esa cicatriz del labio.
Me levanté y le di un abrazo, él no lo hubiera hecho.
Fuimos al salón y me preguntó por lo que hacía. Quedamos en volver en vernos. Sugirió ir al cine como cuando éramos pequeños. Pero no he vuelto a saber de él.

viernes, 24 de junio de 2011

Viernes

Extraña tarde en Cata vi. Fui con J, pero se fue pronto. Hablamos de planes para grabar videos que ya no podremos realizar.
No apareció nadie conocido. No me puede despedir de C.
Luego, paseando con Zuri y Laia, vi una polilla entrando en un buzón.

Es un placer volver a verles

Mis padres se conocieron en un baile hace cien años, y para ellos es como si hubiera ocurrido ayer. No sólo porque se quieren mucho, sino porque visten igual que el siglo pasado.
A ninguno de los dos les gusta mucho el sol. Se pasan el día durmiendo y, claro, cuando ha anochecido, con los puestos cerrados, solemos hacer las compras en las tiendas de veinticuatro horas.
Tengo una hermana, Leonor, que asiste a la universidad nocturna. Su deseo es estudiar medicina y convertirse en una gran cirujana. Yo no me veo capaz, sólo con pensar en la sangre me pongo enfermo.
Yo soy el raro de la familia. Nunca he sido como ellos.

Solemos mudarnos con frecuencia de ciudad. Nos trasladamos de noche, y normalmente con el ruido los vecinos suben a quejarse. Mi padre es el que les atiende a la puerta. No lo había contado, pero mi padre tiene una sonrisa deslumbrante.
En vacaciones siempre vamos a Rumania, a una región que se llama Transilvania. Tengo allí una familia tan numerosa como extraña; viven en castillos perdidos, usan pelucas blancas y les encantan los bailes a la luz de las velas. Todos se han preocupado siempre mucho por mí.
“Enséñanos los dientes”, suelen decirme, como si yo fuera una especie de caballo. Y total para nada. Luego se desilusionan cuando comprueban que son de lo más corriente.
Dejando aparte un poco éstos detalles, hablaré más de mí. He ido a tantos colegios que no me cuesta hacer amigos. Pero si algo he aprendido es a evitar que conozcan a mi familia, ya que lo que no me gustaría que se lleven una impresión equivocada.
La gente dice que suelo ir desarreglado, con los pelos de cabeza como si tuviera nidos y ramas. Pero no es mi culpa: en casa no tenemos espejos.
Que sea diferente al resto de mi familia nunca me preocupó. De hecho mis padres han tendido a sobreprotegerme. Pero hará cosa de un mes noté ciertos cambios.
Yo, que siempre había sido inquieto, percibí de pronto una gran calma y serenidad. Sentí cierta afinidad hacia los insectos, y, de alguna manera, yo parecía atraerles a ellos. ¡Quién me hubiera dicho que me detendría a apreciar una insignificante y simple cucaracha!

Me siento como si el reloj de arena hubiera dado la vuelta. Imagino que mi vida va ser muy diferente a partir de ahora, con esa sonrisa terrible que se me ha puesto.
Mis padres y mi hermana están muy ilusionados. Me han dicho que en nuestro próximo viaje a Transilvania voy a ser el centro de todas las conversaciones, y que enseguida van a escribirles para que no les pille por sorpresa. Estoy ilusionado, si debo de ser sincero, sentía que esperaban más de mí.
Mi hermana me ha dicho que me van a agasajar con regalos. Que cuando le ocurrió a ella estuvo flotando en una nube y que su vida desde entonces ha ido a mejor.
No sé exactamente en qué consiste el “toque”. Supongo que está relacionado con que cada vez me pareceré más a mi familia. Lo cual, debo de reconocer, no me disgusta en absoluto.
Yo, por mi parte, me alegro cuando llega el atardecer. No es sólo es que vaya a ver a mis padres, es que por fin entiendo lo que no ha dejado de repetirme a lo largo de todos estos años: que las noches son hermosas como un diamante negro.
A quien más va gustar todo esto es a mis amigos. Ya lo verán.

-Qué horribles errores. Todo lo antiguo es negro.

martes, 21 de junio de 2011

Telenovela

La caracterización en las telenovelas americanas, para ellas (malas): lunales, sombra de ojos, pestañas postizas, cabello recogido, patillas, entrecejo, pendientes enormes, mal gusto en el vestir o falta de conjunto. Para ellas (buenas): ropa sencilla, sentido práctico, colores vivos y frescos, faldas con volantes, zapato sin tacón, no maquillaje o sólo pintalabios. Ellos (secundarios): bigote y barba de dos días, patillas, gimnasio, camisa sin mangas, sombrero, caballo. Ellos (héroes): musculación, voz con pompa y circunstancia, mirada al vacío, ropa limpia y clara, no fuman y sólo beben.

domingo, 19 de junio de 2011

Crítica

Han descrito mi obra como "un vodevil, delirante y en cierta manera extravagante. Que en algunos momentos recuerda las películas de los Hermanos Marx".
Necesito una buena alegría.

jueves, 16 de junio de 2011

Bajo las sombras

En la parada del autobús se encuentra el chico teñido. Conoce a todos los conductores de la ruta, lleva un jersey de lana, aunque la única forma de que lo necesite es si cae en coma y despierta dentro de unos meses. Pero también hay una visión fresca y elegante, una chica que se despide de su abuela. Creo que es la chica de la que dicen que es muy inteligente. La piel y la carne blancas.
La entrevista transcurrió bien, le agradé al casero. Pero no sé qué ocurrirá cuando este corazón se sienta libre por Valencia. Tengo ganas de ver mis viejos amigos.
A la vuelta subo en el autobús cuando veo acercarse al chico teñido, tendrá mal gusto, pero una vista excelente. Delante de mí entra una mujer, le han dado mal las indicaciones en el otro autobús y este no le deja donde quiere. No obstante, sube. Se sienta conmigo. Pasamos todo el viaje hablando, le hacemos ameno el viaje al conductor.

domingo, 12 de junio de 2011

Club de corazones solitarios

Las frases más cortas, las menos palabras. Respuestas rápidas para diálogos inteligentes. Ritmo y humor se han de dar la mano. Igual que se cocina un caldo. El español se hace hermoso, brillante. No invento nada.

jueves, 9 de junio de 2011

Los agentes

¿Quién elige? Editores y agentes siempre han alabado mi trabajo, pero me piden obras largas y muy pocos agentes se ocupan de representar novelas infantiles. En una carta que he recibido de un agente, me dice estar gratamente sorprendido, pero a continuación expone que la obra tiene demasiado diálogo y la cree poco comercial. Me es imposible imaginar que no haya reído y sentido un cosquilleo. No escribo pesados diálogos, como si caminara en el barro, dos o tres oraciones, todo muy rápido e inteligente. Mis obras necesitan un diálogo medido y calculado. Mis personajes están vivos y respiran. La obra se entiende y se sigue, y no comprenden el esfuerzo que supone.

miércoles, 8 de junio de 2011

Adiós

Estoy en línea
Un salto mayestático
Las manos fuera del río
¿Qué servidumbre?
No llenaré mi boca de algodón
Qué escampen los cielos y recoga mi tierra.

viernes, 3 de junio de 2011

Santo Tomás de Aquino

No quería, y me ataba con el cinturón a la verja. El colegio era aburrido. Tenía sus momentos, pero estaba lleno de bestias. Precisamente lo que no nos enseñaban era lo más interesante. Yo vivía en la ciudad y, como se difraza a un niño de viejo o un hombre de mujer, la naturaleza y los juegos dialogaban mientras descubría el mundo.