sábado, 25 de junio de 2011

Mi padre

Llevaba el suficiente tiempo andando por Valencia para no saber dónde me encontraba. Cuando, de pronto, reconocí la calle. Volví unos pasos atrás y miré en los buzones. Estaba su nombre. Llamé al timbre.
-¿Quién es? -preguntó Rosa.
-Soy Nacho -dije-. ¿Está mi padre?
Tardó unos instantes en responder.
-Ha salido a comprar.
-¿Puedo esperarle?
Me hizo esperar. La puerta se abrió con un zumbido.

Rosa me recibió en bata. Me invitó a pasar, fuimos a la cocina, en donde limpiaba una asistenta. Nos sentamos en la mesa y hablamos. Mi padre apareció un rato después. Se quedó en puerta mirándome.
-No te hubiera reconocido -dijo-. Si no fuera por esa cicatriz del labio.
Me levanté y le di un abrazo, él no lo hubiera hecho.
Fuimos al salón y me preguntó por lo que hacía. Quedamos en volver en vernos. Sugirió ir al cine como cuando éramos pequeños. Pero no he vuelto a saber de él.

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