jueves, 15 de septiembre de 2011

Todo imbécil necesita un coche

Yo ando, utilizo el autobús: vivo peligrosamente. Me gusta hablar con los conductores cuando no están hablando por el móvil. Miro, en cada parada, como los pasajeros suben y van tambaleándose hasta sus asientos (el conductor suele ser un marinero de tierra firme).
No disponer de vehículo te obliga a planificarte, aprender los horarios, ajustar los tiempos. No me veo limitado, pero me preguntó qué hace tanto coche con un sólo pasajero.
Donde peor es la circulación es en los pueblos. En las zonas residenciales paseo junto a mi perro por el asfalto, y tengo que cruzarme con toda clase jóvenes y familias que vienen de visita. De noche las luces de los faros te ciegan, no puedes caminar por la acera porque los perros de vuelven locos.

1 comentario:

  1. Doy fe. En los pueblos el tránsito es desorganizado y los conductores terribles. Los perros que ladran a las ruedas parecen querer decirnos que estamos locos.

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