martes, 14 de febrero de 2012

14 De febrero

A UNA RAZÓN

Con sólo un golpe de dedo en el tambor descargas todos lo sonidos e inicias la nueva armonía.
Con sólo uno de tus pasos provocas el alzamiento de los hombre nuevos y su avance.
Tuerces la cabeza: ¡el nuevo amor! Vuelves la cabeza. ¡el nuevo amor!
"Haz que cambie nuestra suerte, criba las plagas, empezando por el tiempo", te cantan los niños. "Eleva, no importa cuánto, la sustancia de nuestras fortunas y de nuestros anhelos", te suplican.
A ti, que llegas desde siempre y te irás por doquier.

ARTHUR RIMBAUD

¿Dónde está el príncipe?

Estraperlo

Mi abuela murió joven. Apenas pudo disfrutar de la democracia. Y cuando murió descubrimos que había almacenado kilos de azúcar en la depensa. Azúcar echado a perder. Húmedo, apelmazado y que no la había dejado vivir.

La hoja en blanco

¿Han estado alguna vez con un loco? En la casa todo está limpio y ordenado, pero, cuando abre la boca, lo que en su cabeza era una corriente fluida y constante, se escucha como un coche que derrapa y se estrella contra un árbol. Algo así me siento, en ocasiones, frente a la hoja en blanco.

domingo, 12 de febrero de 2012

Conversaciones, familia

Sólo me queda mi madre o moverme en horizontal o descendente. Echo de menos tener un abuelo. Una instancia mayor.

sábado, 11 de febrero de 2012

Alegría

Nunca olvidaré cómo baila Diana, lo hace con todo el corazón, abre los brazos y canta; sólo por eso merece la pena pasar la vida a su lado. Es la mujer que menos comprendo, a veces creo que es egoísta, infantil, pero ¿cómo puedo pensarlo si me ofrece todo lo que tiene? Habla muy rápido, es divertida, ríe con una tontería, pero otras veces no hay forma de encontrarla.

jueves, 9 de febrero de 2012

Bloqueo

Este mes celebramos el cumpleaños de Diana y hoy saldremos a cenar con Jordan, nuestro nuevo compañero, pero yo me siento cómodo, no estoy disfrutando. Tampoco en mi esfuerzo de acabar la novela disfruto, me está costando mucho esfuerzo acabarla. Será un bloqueo, pero creo que es por haber perdido la alegría, me cuesta estar de buen humor. Los artículos que escribo para Anika no hago más que reescribirlos una y otra vez. No está siendo un buen mes para mí.

Cine

Hay un rodaje en Valencia. Coches de época, vestuario reluciente, un equipo reducido. Me cuesta separar los curiosos de los profesionales. Tres días después siguen en el mismo lugar. Ruedan un atraco.

sábado, 4 de febrero de 2012

Ser niño

La Movida no existió, dicen los protagonistas, pero por una vez los jóvenes no se quedaron en sus casas. Sin embargo yo, un niño que vivía en Valencia, con amigos a los que apenas veía y que pasaba los sábados cuidado por la vecina, veía a través de la pantalla de mi televisor, casi llegando con la mano tendida, aquellas personas que estaban devorando las noches y dejar, como la cola de un cometa, un hambre tentadora y eléctrica.
Era como si los jóvenes hubieran tomado el control o como si en el zoo hubieran dejado las puertas abiertas. La programación de los sábados parecía dirigida a aquel grupo, que, con resaca, se congregarían frente al televisor para recibir un aliento y estimulo de cultura pop. Se había perdido el miedo y la vergüenza.
Los contenidos que irradiaba mi pantalla, que hoy no sólo a nadie se le ocurriría emitir, sino que otra mano los alejaría de mi influencia, incluían clásicos y películas de serie B como “El increíble hombre menguante”, “El hombre mosca”, “El hombre con rayos x en los ojos” o “Engendro mecánico”.
Todo estaba compartido, como una recuperación del tiempo perdido y silenciado.
“La bola de cristal”, empezó en el 84. Su presentadora era Alaska, una suerte de la Vampiria americana que daba paso a las antiguas películas de terror en la televisión americana, que con su voz, ambigua seducción y sugestiva personalidad, se dirigía a los niños y los que no eran tan niños como la conciencia y catalizador de un nuevo orden.
En el programa actuaban cantantes como Santiago Auseron, Loquillo o Kiko Veneno. Otras secciones eran comandadas por Pablo Carbonell y Pedro Reyes. Javier Gurruchaga, Enrique San Francisco y Freda Lorente cerraban, junto a una nómina de actores y artistas, el más alocado, maduro y nada complaciente programa jamás diseñado para un público infantil.
Verano Azul nos había enseñado unos años antes nuestra hermosura, pero el espejo, de tanto usarlo, acabó por romperse.
Nos hemos acomodado, dejado llevar por las corrientes y olvidado nuestras palabras en el camino. Hemos perdido nuestra independencia y hemos puesto nombre y número a las calles. Pero no nos ha servido para construir un país mejor.
Caímos con el sueño húmedo y caliente.

(Publicado para Anika entre libros)

jueves, 2 de febrero de 2012

Febrero

Pero qué idiota he sido. Hoy me daría de comer clavos y cristales. No me siento valorado, estoy en contra de los egoísmos. Me estoy creando enemigos.