sábado, 4 de febrero de 2012

Ser niño

La Movida no existió, dicen los protagonistas, pero por una vez los jóvenes no se quedaron en sus casas. Sin embargo yo, un niño que vivía en Valencia, con amigos a los que apenas veía y que pasaba los sábados cuidado por la vecina, veía a través de la pantalla de mi televisor, casi llegando con la mano tendida, aquellas personas que estaban devorando las noches y dejar, como la cola de un cometa, un hambre tentadora y eléctrica.
Era como si los jóvenes hubieran tomado el control o como si en el zoo hubieran dejado las puertas abiertas. La programación de los sábados parecía dirigida a aquel grupo, que, con resaca, se congregarían frente al televisor para recibir un aliento y estimulo de cultura pop. Se había perdido el miedo y la vergüenza.
Los contenidos que irradiaba mi pantalla, que hoy no sólo a nadie se le ocurriría emitir, sino que otra mano los alejaría de mi influencia, incluían clásicos y películas de serie B como “El increíble hombre menguante”, “El hombre mosca”, “El hombre con rayos x en los ojos” o “Engendro mecánico”.
Todo estaba compartido, como una recuperación del tiempo perdido y silenciado.
“La bola de cristal”, empezó en el 84. Su presentadora era Alaska, una suerte de la Vampiria americana que daba paso a las antiguas películas de terror en la televisión americana, que con su voz, ambigua seducción y sugestiva personalidad, se dirigía a los niños y los que no eran tan niños como la conciencia y catalizador de un nuevo orden.
En el programa actuaban cantantes como Santiago Auseron, Loquillo o Kiko Veneno. Otras secciones eran comandadas por Pablo Carbonell y Pedro Reyes. Javier Gurruchaga, Enrique San Francisco y Freda Lorente cerraban, junto a una nómina de actores y artistas, el más alocado, maduro y nada complaciente programa jamás diseñado para un público infantil.
Verano Azul nos había enseñado unos años antes nuestra hermosura, pero el espejo, de tanto usarlo, acabó por romperse.
Nos hemos acomodado, dejado llevar por las corrientes y olvidado nuestras palabras en el camino. Hemos perdido nuestra independencia y hemos puesto nombre y número a las calles. Pero no nos ha servido para construir un país mejor.
Caímos con el sueño húmedo y caliente.

(Publicado para Anika entre libros)

4 comentarios:

  1. Pues ya es hora de recuperar o de crear una nueva identidad...para gente que vive y que piensa.
    Un beso

    ResponderEliminar
  2. fue una estación momentanea de libertad y creatividad

    ahora simplemente sobrevivimos

    ResponderEliminar
  3. Esta es una entrada bastante localista, no conozco a los que nombras, a excepción de Alaska, que por
    aquellos años 80 me parecía algo así como un ícono inalcanzable.
    Aparentemente la supervivencia dejó huella...


    Besos

    ResponderEliminar
  4. El país es bastante peor ahora.
    Y espera...

    ResponderEliminar