domingo, 29 de julio de 2012

Sábado

Después de casi dos meses cuidando a mi madre, el jueves volví a Valencia. Lo primero que hice fue a llamar a mis amigos. El sábado por la noche recibí un mensaje de ellos, iban a la playa a ver los fuegos. Me encontré con Tati en la estación. Estaba con unas amigas que conocía, dos mejicanas y una cubana. En el tranvía se nos unieron una austriaca y una rumana. Llegamos a Las Arenas. Hacía años que no me acercaba a una playa, y en concreto no había visto la remodelación del paseo. Tuvimos que retrasarnos o que simplemente no había fuegos, porque nada parecía preparado. Propuse que nos acercáramos al mar. La arena estaba cálida y fresca. La olas rompían sin esfuerzo. No hicimos fotos. Hablé con una mejicana un buen rato, a veces con Tati. Luego todas quisieron volver y nos quedamos Tati y la cubana. Fuimos por el borde del mar hasta las discotecas. Estaba repleto de gente, muy arreglada. Había cien sitios a los que ir. Pero nosotros cogimos un taxi porque estábamos cansados y Tati iba con zapatillas y como estar por casa.

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