viernes, 21 de septiembre de 2012

Estilo Holden Caulfield, aún pequeño

Qué bien en volver, lo pasé francamente bien anoche. Hubo una velada en la que se leyó poesía, escuchamos a Rachmaninov mientras comíamos duelos y quebrantos y se cerró con Viridiana. Hay pocas personas que saben lo que pasó con nuestro anfitrión. Todo iba a comenzar a las nueve. Yo ya estuve allí a las siete, había poco ambiente y llegó nuestro hombre. Miguel le preguntó si quería tomar una copa, él se negó porque acababa de tomar una y, además, si bebía mucho, luego tendría la lengua espesa. Me fui a dar una vuelta y estuve para el comienzo, el hombre llegó conmigo, tampoco quiso beber nada porque había vuelto a tomar algo por ahí. Todo me resultaba extraño en cuanto se celebraba en un bar. A la hora de hablar ante nosotros, estaba borracho, tenía la lengua de trapo. Aunque no le viéramos beber una gota.

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