sábado, 8 de septiembre de 2012

Londres

Volvía a casa junto al parque cuando un hombre me paró en la calle. Enseguida se dio cuenta que era extranjero. Me dijo que amaba España y se ofreció a invitarme a un trago. Fuimos a un bar, algo así como la sala de un hotel, y pidió dos copas de vino. Estuvimos hablando o todo lo que nos podíamos comunicar con mi mal inglés. Antes de despedirnos, me pidió que fuéramos al baño y me levantara la camisa para enseñarle el pecho. Me negué. Pero tampoco le pareció importar.

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