jueves, 11 de octubre de 2012

Entra en mi vida

Menos mal que no entramos en guerra con ningún país, porque los españoles carecemos de alma. Me cabrea y me revuelve por dentro la hipocresía que muestran los acusados en todos los casos que están aflorando de niños robados. ¿Es que no podíamos sentarnos a una mesa y hablar entre nosotros que algunas parejas no podían tener hijos y, sin embargo, deseaban tenerlos? ¿Por qué siempre pensamos que estamos solos en el mundo? ¿No existían lugares en el planeta donde, como ocurre ahora, la vida de los nacidos no tuviera valor, o que sus padres no quisieran hacerse cargo? Da la impresión de que estaba todo corrompido. Con lo que nos gustan los chismes y cotillear, ¿nadie se extrañaba cuando un matrimonio, de un día para otro, cruzaba el parque con un carro de bebé? Y, por supuesto, el clero estaba en el ajo, y los altos cargos, gente con estudios. Estábamos desnudos ante el poder.

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