sábado, 12 de enero de 2013

Imbécil

Para andar, el camino que más me gusta es que sube al cementerio (no el que parte del pueblo, si no el que sube de la estación) es una cuesta larga, cuya pendiente va en aumento, hasta lo indecible. Llego sin aliento, respirando apenas. Pero cuando esta vez corono la cima, alguien esta allí hablando solo, maldiciendo, riñiéndose, en ridículo. En una charla con nadie. Se lamenta de la vida que la llevado. En el pasado fuimos amigos.

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