jueves, 8 de agosto de 2013

Cada día, cuando a las cuatro salgo de casa para ir a la biblioteca, paso por delante de un hombre muy mayor que, con una silla delante de su casa, está al fresco. No menos de cuatro veces repetía el camino, él se dio cuanta de mí y yo de él. Y esta semana, como si ambos lo supiéramos, como si hubiéramos recobrado la amabilidad, le saludé en el mismo momento que notaba que yo ya no era una persona anónima y a la vez él estaba esperando con el brazo temblando para levantarlo y saludarme, tal vez porque los dos vemos en el otro algo que no tenemos. Ahora, cada vez que nos cruzamos, nos decimos unas palabras.

1 comentario:

  1. pequeños placeres cotidianos, la vejez saluda a lo que perdió y tú lo que te espera..
    un beso

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