domingo, 15 de septiembre de 2013

Mi semana de cumpleaños. El lunes uno de mis hermanos me limpió el ordenador de toda la basura que había ido acumulando. El martes fui al dentista. Tengo un empaste que se me cae cada tres meses. Esta vez, para que me durara, decidió agrandar el agujero para que tuviera más sujeción. El miércoles anestesiaron a mi perro para limpiarle la boca y extraerle un diente, cuando lo fui a ver por la noche, le faltaba energía y su comportamiento era rumiante. Lo saqué de paseo y le dejé ir por donde él decidiera, pero ni siquiera sabía lo que quería. El jueves ya lo encontré alegre y con ganas de recuperar el día perdido. Salimos y seguí su ritmo, no tardé en enfriarme con las pausas, la camiseta húmeda y el tiempo frío. Y éstas cosas son como son, si no tomas medidas, acabas con un resfriado. Así que me soné en la mano y me limpié con unas hojas algarrobo. Ya, con la nariz seca, podía afrontar lo que fuera. El viernes, mi cumpleaños, había quedado con mi familia para comer un japonés. Primero llamó uno de mis hermanos y dijo que no contáramos con él: no podía escaparse del trabajo. Así que fui con mi madre y otro hermano al restaurante, el novio de mi madre llegaría en su coche. Pedimos la comida y cuando ya estábamos acabando, llegó la pareja de mi madre, visiblemente borracho pues había encontrado muchos amigos con lo que iba tomándose una copa. Luego llamó mi hermano, sí que venía, nos tocó esperarle. Estaba cansado de la música del restaurante, piezas conocidas del rock estropeadas con una orquesta. El sábado salí por el pueblo dos veces por la noche y pasé el mejor día. El domingo Zuri y yo fuimos andando hasta Entrepinos, me encanta la arquitectura de las casas de por allí. Buscaba una casa que, cuando hace mucho paseaba por allí, me llamaba la atención (tenía dos partes unidas por una pasalera), pero o la taparon, o la vegetación de la valla ha crecido e impide verla.






4 comentarios:

  1. Las celebraciones con amigos o familia muchas veces empiezan bien pero cómo terminan, uff! nunca se sabe.
    Por cierto para saber que al perrito le dolía un diente que síntomas tenía? A mi peludita aunque le doy esas golosinas que se supone les sirven de cepillo de dientes empieza a tener sarro.
    Ah!!!!!! avisa de que puedes herir la sensibilidad del lector, la imagen de la nariz y las hojas de algarrobo me va a producir pesadillas.
    Espero que cumplas muchíiiisimos más ¡felicidades!

    ResponderEliminar
  2. Se le veía el diente que lo tenía mal. Una muela.

    ResponderEliminar
  3. En cuanto a lo otro, es el efecto que buscaba.

    ResponderEliminar
  4. Santa paciencia hay que tener a veces... aunque yo no la tengo.

    ResponderEliminar